Lo irónico de la situación es que los argumentos que valían ayer hoy son
absolutamente inútiles, un hecho muy propio de la era Internet donde las reglas
cambian cada día y hay que ir inventándoselas continuamente. Pero nada más
lejos de la realidad: Internet es todavía un "nuevo medio" que no ha
conseguido penetrar en la sociedad de forma decisiva ni cambiar hábitos de
conducta. En el caso de España, con una cuota de analfabetismo informático
superior al 30%, es de sospechar que tardaremos aún varios años en
conseguirlo.
Y esto es básicamente lo que subyace a todo el fenómeno de vaivenes de
mercado al que estamos asistiendo en los últimos meses. Como valores
bursátiles, las acciones de empresas de Internet son volátiles y su
valoración se ha hecho, en muchas ocasiones, en base a expectativas que podían
no ser ciertas. Ese hecho en sí no es malo. Hay factores intangibles que deben
ser tenidos en cuenta a la hora de valorar un negocio: el equipo gestor, el plan
de negocio, la estrategia... estos factores deben ponderarse fríamente,
pero una cosa es ponderar y otra cosa es disparar el valor de unas acciones en
base a expectativas de negocio absolutamente ridículas en el corto plazo.
Porque, no nos engañemos, los accionistas han pecado de una ignorancia supina e
irracional al dar la espalda a unos valores que aún no han tenido ni siquiera
la oportunidad de demostrar su potencial. Se habla de beneficios para el año
2003 o 2005 y los accionistas y contables se echan las manos a la cabeza. No es
de extrañar si se han hecho exageradas inversiones en marketing y se ha
recurrido al marketing masivo como estrategia de lanzamiento cuando el
micromarketing y la promoción inteligente se imponen en el mundo online. Pero
sí cuando la empresa ha sabido medir sus fuerzas e inversiones y sus pérdidas
se ajustan a los timings fijados por los propios gestores, con la búsqueda del
cash flow en el corto plazo. Vivimos en una
economía de expectativas, y los inversores de bolsa se han olvidado de las
expectativas para centrarse en aspectos contables. Esa impaciencia no conduce a
ninguna parte, solo a la inestabilidad de un mercado que aún no ha podido
demostrar absolutamente nada. El inversor está tomando una postura más
inteligente y racional (como de costumbre, la bolsa no es modelo de nada),
siendo exigente y vigilante con todos los aspectos de la empresa. En el próximo
artículo veremos porqué los modelos fallan y echaremos un vistazo al mercado
español, ejemplo flagrante de como no hacer crecer un mercado.
Acoso y derribo
Pero todo esto le da igual al mundo real, que ya ha llevado a la hoguera a
todos los ciberemprendedores haciendo gala de esa ignorancia tan típica que rodea al
fenómeno Internet. Ahora los internautas somos unos "pelotaris"
especuladores, timadores y vendedores de humo, unos chicos malos de la economía
que tienen que rendirse ante la magnanimidad del "debe" y el
"haber", de la cuenta de pérdidas y ganancias y de los asientos
contables (como si hasta ahora las puntocoms no llevasen la contabilidad). Hemos pasado de la semiclandestinidad de hace unos años al
estrellato y ahora vamos de vuelta a la clandestinidad económica. Y lo cierto es
que uno ya no entiende porque la Red solo despierta odios o pasiones y quien no
lo ve como una oportunidad lo contempla como una peligrosa amenaza a combatir.
Probablemente ignorancia.
Eso sí, llegó la hora del acoso y derribo al ebusiness, el periodista que
quiera llamar la atención con un editorial ejemplificante, magnánimo y
prepotente probablemente escribirá sobre estos chicos díscolos que no hacen
más que gastar dinero sin prometer beneficios hasta dentro de tres años: ¿que
importa que el mercado esté en su primer estadio de desarrollo? La bolsa no va, y
la bolsa es infalible. La dictadura de las cifras, que hasta ahora no había
funcionado con la nueva economía, ha vuelto a imponer su ley, y el margen de
confianza de las empresas de Internet parece haber terminado de forma
definitiva.
¿Que hay detrás de esto? Algo de verdad y mucha exageración por parte de medios de
comunicación y hombres de negocios tradicionales. Semanas atrás, una nota de prensa falsa destrozaba
la cotización de una empresa de Internet por culpa de la irresponsabilidad de
los medios de comunicación que no supieron contrastar una noticia. Algo así
está ocurriendo con el periodismo e Internet. Por pura ignorancia y falta de
profesionalidad se están diciendo absolutas estupideces acerca del fin de la
nueva economía (que en en gran parte han contribuido a "inventar") y la decadencia de la Red, porque lo cierto es que las
cifras, en este loco mercado, son solo orientativas y no decisivas, son una
referencia y no el único factor de decisión. Y si los contables toman la Red
con sus uniformes y cuadriculadas reglas, entonces será cuando la nueva
economía no tendrá futuro alguno, pues el 90% de las empresas de reciente
creación deberían desaparecer aplastadas bajo los rigurosos principios
contables.
Exageración, porque las inversiones en el sector se han ralentizado pero
están aún muy lejos de desaparecer. El absurdo fenómeno de lluvia de millones
hasta ahora imperante no tenía sentido como tal, y proyectos sin futuro alguno
han recibido una financiación desmedida y astronómica. Hoy, el inversor es
más exigente, no porque tema el fracaso, sino por pura lógica de mercado, que
hasta ahora no existía. Eso es lo que hace exactamente un año criticábamos
desde nuestra publicación cuando hablábamos de la existencia de la
burbuja y del fenómeno especulativo subsiguiente.
En cuanto a la "vieja economía", parece razonablemente satisfecha
con la situación actual, que tampoco llega a entender. Días atrás, el
Consejero Delegado de una "vieja" empresa me reiteraba con prepotencia
su tesis de que "todo esto es una burbuja", no dándo crédito alguno
al mundo online, flor de un día, efímero y oportunista. Y sí, es cierto que la burbuja -bursátil- ha estallado y que
muchas empresas van a desaparecer en los próximos meses. Claro que sí, cuando
el mercado comete desmanes de esta categoría es normal que estas cosas ocurran.
Pero una cosa es que vaya a haber una criba -cosa muy normal en mercados
emergentes- y otra muy distinta que todo negocio que lleve la letra
"e" por delante sea una burbuja y vaya a acabar borrado del mapa. Esa
opinión, además de ignorante, es muy poco realista. La tecnología es la que
lleva hoy día la medida del progreso económico, y por lo tanto la que va a
transformar la economía. No las reglas axiomáticas de la economía (¿quien
fue el idiota que habló de eso alguna vez?), su fondo, sino más bien su forma.
Eso ya está ocurriendo. Y eso es imparable, porque las revoluciones no tienen
vuelta atrás...